Aprende a reconocer un brote de Esclerosis Múltiple y controla su evolución

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La Esclerosis Múltiple (EM) es una enfermedad neurológica crónica y autoinmune que afecta el funcionamiento normal del Sistema Nervioso Central ( que incluye el cerebro, la médula espinal y el nervio óptico). Esta enfermedad puede cursar con distintos síntomas que pueden variar según cada caso y ser altamente discapacitantes.

En España, unas 48.000 personas viven con esta enfermedad, y se calcula que cada año se diagnostican unos 1.800 casos nuevos1.

Con el paso del tiempo algunas personas inicialmente diagnosticadas con EMRR (Esclerosis Múltiple Remitente Recurrente) observan cómo el patrón de su EM cambia hacia una forma progresiva conocida como EMSP (Esclerosis Múltiple Secundaria Progresiva).

El 85% de los nuevos casos de EM son del tipo recurrente-remitente1, que se caracteriza por los brotes o recaídas, que consisten en un empeoramiento de los síntomas, seguidos por periodos de remisión en los que los pacientes pueden recuperarse parcial o totalmente.

Pero ¿cómo son exactamente estos brotes? y ¿cómo se pueden reconocer? A pesar de que los síntomas de la Esclerosis Múltiple pueden variar según cada caso, los más comunes son:

  • Problemas motores, de equilibrio y de coordinación
  • Pérdida de la visión (neuritis óptica)
  • Trastornos cognitivos
  • Alteraciones de sensibilidad

En el caso de la EM recurrente-remitente, la aparición de los síntomas varía según el tiempo, con épocas en los que son más severos seguidas de otras en los que no se manifiestan (mesetas de brotes). Sin embargo, estos brotes en los que los síntomas son más graves pueden dejar secuelas funcionales que se van acumulando y afectan a los periodos de remisión.

Conocer la frecuencia, severidad y secuelas que conllevan estos brotes en cada caso es esencial para que los profesionales puedan determinar si la EM está evolucionando o no. En el caso de que la frecuencia y la intensidad de los brotes aumente, y que queden secuelas posteriores, se determina que la enfermedad no está siendo bien controlada por el tratamiento. Cuando los pacientes empiezan a acumular discapacidad de manera independiente de la presencia de brotes se dice que están progresando o teniendo una transición hace la fase de EMSP, en la que típicamente los brotes se van espaciando en el tiempo y pueden llegar a desaparecer, mientras que la discapacidad se acumular de manera gradual y continuada. 

Por eso es muy importante que las personas con Esclerosis Múltiple continúen con los tratamientos establecidos por los profesionales incluso en los periodos de remisión, cuando no hay síntomas identificables.

Con la ayuda del neurólogo, se puede llevar un seguimiento personalizado de la patología y aplicar las mejores estrategias para manejarla y reducir el impacto que puede tener en la calidad de vida de aquellos que viven con ella.