Brotes de EA y actividad física, ¿cómo compaginarlo?

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El ejercicio fortalece los huesos y nos mantiene activos, además de aumentar el bienestar, la movilidad, o ayudarnos a dormir mejor, entre otros muchos beneficios.

Pero ¿qué pasa cuando sufres un brote? Los dolores se multiplican y tus ganas de hacer ejercicio disminuyen.

Lo lógico sería pensar que debes de pausar tus rutinas de ejercicio porque puede que sean peor para ti, pero no, en realidad, seguir ejercitando el cuerpo (adaptando los ejercicios a tu nivel) puede ser de gran ayuda cuando los brotes aparecen.

Hoy te traemos algunos consejos para que los brotes no te impidan seguir con tus rutinas de ejercicio.

-        Lo primero es evaluar si puedes seguir con los ejercicios que haces normalmente (si es que realizabas algún tipo de ejercicio), pero nunca parar la actividad física de golpe. Algunos brotes pueden generar fuertes dolores, por ello es necesario que valores si debes bajar el nivel de esfuerzo o el tiempo que inviertes en ello.

-        En el caso de que no realizaras ningún tipo de ejercicio antes de que el brote apareciera, tendrás que ver primero qué ejercicios o deportes son los que más te benefician e ir introduciéndolos poco a poco en tu día a día. Las actividades bajo el agua, el yoga o el pilates siempre son una buena opción.

De todas formas, desde Tú cuentas mucho siempre recomendamos que consultes con algún profesional (ya sea tu médico o fisioterapeuta) cuáles son las pautas que debes seguir según tu caso en concreto.

-        Todos los ejercicios que realices deben pasar por tres fases: calentamiento, ejercicio principal y vuelta a la calma.

-        Si consideras que no estás preparado para hacer ejercicio en sí, los ejercicios isométricos son una alternativa. Este tipo de ejercicios se utilizan en rehabilitaciones, y lo que hacen es someter los músculos a tensión manteniéndonos en la misma postura durante unos segundos, pero sin realizar ningún movimiento. 

-        Los baños o duchas calientes si tenemos dolores fuertes siempre son buenos antes de realizar actividad física. Por ejemplo, si estás apuntado al gimnasio, una sesión de spa antes de realizar el propio ejercicio podría ser de ayuda.

-        Hidrátate muy bien durante todo el tiempo que estés haciendo ejercicio.

-        Si notas que tienes dolores fuertes que duran más de dos horas después de haber finalizado la actividad física quizás debas reducir la intensidad de los ejercicios que estás haciendo.

Está claro que son muchos los beneficios del ejercicio físico cuando vives con la espondilitis anquilosante, por eso queremos que tengas todos estos consejos en cuenta ¡para que nada te impida seguir con tus rutinas deportivas!

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