Cómo afrontar la depresión con una enfermedad crónica, por Susana Cantalejo, psicóloga en Acción Psoriasis #DiaMundialDeLaSalud

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Este año el Día Mundial de la Salud de la OMS (Organización Mundial de la Salud) se centra en la depresión.

La depresión viene frecuentemente acompañada de una enfermedad física, sobre todo en el caso de las enfermedades crónicas. Una enfermedad crónica suele llevar aparejado además un difícil diagnóstico, y esta es la primera dificultad a la que se enfrenta una persona con una patología crónica: ¿qué me pasa?, ¿va a ser siempre así?, ¿hay alguna solución? Son algunas de las preguntas que cualquier persona se haría ante una situación en la que comienza a sentir un cambio físico que le produce sufrimiento.


La falta de control y la ansiedad ante esta incertidumbre puede provocar una depresión. Por ello, es importante no tener miedo a pedir ayuda, a saber dónde buscar información y apoyo.

Preguntamos a Susana Cantalejo, psicóloga de Acción Psoriasis sobre depresión y enfermedades crónicas y estas son sus recomendaciones. ¡Esperamos que te ayude!

 

Muchas veces, la falta de un diagnóstico claro puede llevar a la desesperación, al desánimo, ¿cómo solucionar esta situación?

Ser diagnosticado de una enfermedad crónica es un golpe duro que sufren las personas, ya que eso quiere decir adaptarse a una nueva situación, cambiar hábitos, aprender a gestionar diferentes situaciones y sacar el máximo partido a nuestros recursos. Pero, por otro lado, la persona también siente cierto alivio al saber realmente qué le pasa.

Es cierto que, a veces, el proceso por el que pasa la persona desde que empieza a tener síntomas hasta que es diagnosticada, es largo y afecta emocionalmente. Por eso, hay que insistir acudiendo al médico siempre que lo creamos conveniente y explicarle todo aquello que nos pasa para que pueda afinar mejor el diagnóstico.

En ocasiones, podemos obviar algunos síntomas porque no los vemos importantes o porque nos da vergüenza explicarlo, pero pueden ser importantes para hacer un buen diagnóstico. En este sentido, debemos ver al médico como nuestro aliado y con una meta en común: saber qué nos pasa.

 

¿Es posible ser optimista con una enfermedad crónica? ¿Con qué recursos cuenta una persona recién diagnosticada?

Las personas con una enfermedad crónica deben realizar un duelo por la pérdida de salud, lo que significa pasar por diferentes etapas en las que la persona no se siente bien emocionalmente, como puede ser una etapa de rabia o de desánimo.

A lo largo de este aprendizaje, las personas pueden llegar a ser optimistas, aun teniendo una enfermedad crónica. Para ello, es importante poder tener la máxima información sobre nuestra enfermedad (lo que nos da una sensación de control) y el apoyo de nuestros allegados, con los que podamos compartir cómo nos sentimos.

También es importante tener en cuenta la labor que realizan las asociaciones de pacientes, que te pueden ofrecer información sobre tu enfermedad, te pueden poner en contacto con personas que están viviendo una situación similar a la tuya y, en algunas, también puedes disponer de servicios que te ayudan a mejorar tu calidad de vida. Por ejemplo, en Acción Psoriasis, formamos parte del equipo una enfermera-nutricionista y una psicóloga, que asesoramos a todas aquellas personas afectadas y a sus familiares, que quieran mejorar su calidad de vida.

 

Una vez diagnosticada la enfermedad, el pensar que “es para siempre” también puede crear ansiedad, sensación de tristeza y desilusión, ¿es posible vivir el “hoy” con una enfermedad crónica?

Los niveles de ansiedad o la sensación de tristeza, desilusión, frustración... están muy ligados, en el caso de las personas con una enfermedad crónica, a su estado de salud físico. Es decir, que si físicamente la persona se siente bien y tiene una calidad de vida, mejorará su estado de ánimo, por lo que se puede llegar a pensar que tratando los síntomas es la única manera de que la persona esté bien emocionalmente. Esto es relativamente cierto, pues la persona puede llegar a tener unos niveles bajos de ansiedad, por ejemplo, aunque presente síntomas de su enfermedad. ¿Cómo hacerlo? Lo más adecuado es hacer una terapia psicológica para aprender a gestionar todos los sentimientos y emociones que vayamos sintiendo, pero hoy en día existen diversas técnicas que nos permiten disminuir el estrés emocional que sufrimos, como las técnicas de relajación o la meditación.

 

Siempre tendemos a crear sueños, a generar expectativas, a tener ilusiones que, de pronto, ante el diagnóstico de una enfermedad crónica, podemos pensar que es imposible. ¿De dónde sacar fuerzas?

Más que sacar fuerzas, se trata de ser flexible. Yo siempre hablo de aprendizaje y adaptación al cambio porque es lo que se nos va exigiendo a lo largo de nuestra vida en todos los ámbitos en los que nos movemos: familia, trabajo...

Cuando tenemos una enfermedad crónica, nuestra situación personal cambia, por lo que nuestros objetivos y metas, seguramente también deberán cambiar en cierta manera. Con ello no quiero decir que se abandonen nuestros sueños, sino que debemos ser conscientes de que quizás deberemos modificar un poco nuestro objetivo o buscar vías alternativas para conseguirlo.

Así, las energías de cada uno deben ir enfocadas a poder aprender a ser flexibles y buscar alternativas que nos permitan conseguir aquello que deseamos. A medida que vayamos encontrando estas alternativas y veamos que podemos cumplir nuestros sueños, será mucho más fácil poder sacar fuerzas.

 

En situaciones de estrés resulta más sencillo ignorar los problemas, para evitar pensar en aquello que nos hace sufrir. ¿Qué consejo darías para hacer frente a ellos, con qué apoyo contamos?

La vida ajetreada de la sociedad actual tiene un gran inconveniente a nivel psicológico, y es que, cuanto más cosas hagamos durante el día, menos tiempo tenemos para pensar. A veces, no lo hacemos a propósito, sino que es de manera inconsciente, que uno va llenando el vacío. Los motivos pueden ser diversos, ya que para cada persona tendrá una función diferente, si bien es cierto que la tendencia es la de evitar el pensamiento. Darse cuenta de ello es el primer paso para poder cambiarlo.

Cosas que nos pueden ayudar a no caer en esta dinámica, es la de guardarnos un tiempo cada día (por ejemplo 30 minutos) para nosotros mismos, que será nuestro espacio, para poder pensar en cómo nos ha ido el día, cómo nos hemos sentido ante diferentes situaciones, etc. Al principio, puede costar hacerlo, por lo que se puede realizar con alguien de confianza, como la pareja. En otros casos, también lo podemos hacer con el apoyo de un profesional que, además, aportará una visión neutra y nos podrá ayudar a gestionar situaciones que nos resulten difíciles de manejar.