La rigidez articular es un síntoma de la espondilitis anquilosante | Tu Cuentas Mucho

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Uno de los principales síntomas que se identifican en la espondilitis anquilosante (EA) es la rigidez de las vértebras, normalmente en la zona de las lumbares, pero esta rigidez se puede extender a distintas zonas del cuerpo según vaya evolucionando la patología. De hecho, el propio nombre de la patología lo indica, ya que Espondil se refiere a la espina dorsal, itis significa inflamación y anquilosante significa rígido.

En muchos casos, el momento en el que la rigidez se manifiesta con mayor fuerza es al levantarse por las mañanas, y tiende a disminuir a medida que avanza el día. Suele acumularse en la zona lumbar, aunque en fases más avanzadas de la enfermedad también puede afectar a las cervicales.

Actualmente, el porcentaje de personas con EA que llegan a tener una espondilitis grave se ha visto reducido gracias a los avances médicos como las terapias de rehabilitación y fisioterapia. Esto hace que la persona con EA pueda alcanzar una mejor calidad de vida y conservar la movilidad durante más tiempo.

No obstante, la rigidez y pérdida de movilidad sigue siendo uno de los principales miedos de las personas con esta patología: según datos del ‘El ‘Atlas de Espondiloartritis Axial en España 2017: radiografía de la enfermedad’, la mayoría de las personas con EA experimentan miedos relacionados con la degeneración física (58%) o las limitaciones en la vida diaria (28%)1

Uno de los puntos clave en la evolución de la enfermedad es el diagnóstico precoz. El citado estudio del ‘Atlas’ pone de manifiesto que el diagnóstico puede tardar en confirmarse en torno a los 8 años. Este retraso en la detección de la patología hace que esta progrese sin posibilidad de tratarla, ya que se desconoce su existencia.

¿Qué opciones tengo para combatir la rigidez?

La primera opción es la recomendación de tu reumatólogo y el equipo médico que conoce tu caso concreto. Siempre, sigue sus indicaciones y acude a ellos si la rigidez evoluciona a pesar del tratamiento

Existen opciones no farmacológicas muy eficaces. La principal es realizar ejercicio físico adaptado a tu estado para que el cuerpo no se acostumbre a estar inactivo. Puede que el ejercicio te cueste o te produzca dolores, pero esto te permitirá ralentizar la pérdida de movilidad. Por ejemplo, salir a caminar dos o tres veces a la semana puede mejorar tu estado físico y reducir progresivamente la sensación de rigidez o la pérdida de movilidad.

Además del ejercicio, cuidar las posturas corporales que adoptas en tu día a día también ayudará a disminuir la rigidez. Si trabajas muchas horas sentado intenta levantarte cada 30 minutos para mover las piernas, o si pasas mucho tiempo de pie, ayúdate de un apoyo para uno de los pies.

Otras técnicas para combatir la rigidez son los baños de agua caliente o acudir a un fisioterapeuta para mantener tus articulaciones cuidadas y prevenir los dolores y la inflamación.

Pero uno de los puntos más importantes para mantener una actitud positiva es la voluntad de mantenerte activo. Piensa que la EA es una patología que va reduciendo y limitando la movilidad de la persona, por lo que, si haces el esfuerzo por mantener tu cuerpo activo y haces ejercicio regularmente, esta pérdida de movilidad será menor y el avance de la enfermedad se ralentizará.

Si quieres conocer más consejos para mejorar tu calidad de vida con espondilitis anquilosante, puedes visitar la web https://espondilitisconfuturo.org/ donde encontrarás información y recursos de calidad escrita por profesionales.

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